Tal vez sea difícil explicarlo y quizá si más difícil comprenderlo, pero así era y así es: dame tiempo para mirar y quédate contando tu mercadería; dame tiempo para sentir y continúa con tu discurso; dame tiempo para escuchar y sigue leyendo las noticias del diario; dame tiempo para gozar del cielo, del mar y del viento y prosigue vendiendo tus quesos o tus preservativos; dame tiempo para vivir y muérete contando tu mercadería, convenciendo a los estúpidos de la bondad de tu programa de gobierno, leyendo tu diario o traficando con tus productos, siempre más baratos de lo que los pagas y de lo que los vendes. Si además de tiempo me das espacio, o por lo menos, no me lo quitas, tanto mejor: así podré mirar más lejos, caminar más allá de lo que pensaba, sentir la presencia de aquellos árboles y de aquellas rocas. En cuanto al mar, al cielo al viento, no podrás quitármelos ni recortarlos; podrán cobrarme por verlos, ponerme trabas para gozar de ellos, pero siempre encontraremos una manera de burlarte. El hombre aguijonea al hombre, cosa que no hace el buey con el buey: nada de prisa, no te demores, el cliente espera, lleva esto, trae lo otro, hazme lo de más allá, despacha aquello, y aguijoneando a los demás se aguijonea a sí mismo.
Manuel Rojas
-
enlaentropia posted this